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Historia desde un acerradero

Eran sillas incomodas, eran ventanales aburridos,
no fluia el aire en aquel lugar,
no había más que el murmullo constante de un ser humano
que profesaba palabras sin saber, lentamente adormecia a los presentes.
Estaba lejos pero sentia su tedio,
su absurdo anhelo de dejar todo y cambiar la forma de entender
lo que de alguna aburrida forma le mostraban.
Yo disfrutaba del sol que nos habia abandonado hace ya varios dias.
El cielo relucía de hermosura, no era un aire totalmente puro
pero era demasiado denso para procesarlo.
Se solía vivir antes, decían mis abuelos,
no les despojaban de sus tierras, no eramos parte del comercio,
el dolor hoy es punzante algunos días,
los horrores que se ven son innimaginables,
nada es seguro,
los pajaros ya no vuelven y mis ramas tienden a decrecer,
mañana es un quién sabe,
como siempre.

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Mi mamá no es de este planeta.

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me abraza en las noches,
me protege y me cuida
de todo aquello
que pueda dañarme

Mi mamá como la tuya,
es la mejor del mundo:
sabe alegrar los días,
se preocupa en exceso,
cura enfermedades con caricias,
se enoja como nadie
y transforma los días en aventuras.

Mi mamá como la tuya,
me ha enseñado tantas cosas
que aunque hoy estemos en países diferentes
puedo abrazarla con letras
y sabrá todo lo que la quiero.

¡Feliz día mamá!
Estoy más que segura
que no eres de este planeta.

Al interior de un pequeño tejado

Hace tiempo que le busco, ¿O me busca? El hombre de la espalda curva y los pies de algodón flota sobre las estrellas y mece sus calcetas para acunar el paso de los días. Hace tanto que he dejado de hablarle, ya su rostro se disuelve en la tinta invisible de los años. Me gustaría volverle a robar un beso de colibrí, rápido, filoso, inquietante pero sobretodo dulce, como el néctar de las azucenas.

Espero algún día me encuentre ¿O lo encuentre? Quién sabe si soy yo o él quién sueña el paso de las horas sobre este teclado de hielo. Faltarán dos pasos y medio para las doce y aún el té no se posa sobre mis hombros de nube.