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Mostrando entradas de octubre, 2012

Ojos entre las cuevas

Tan rojizas como la sanguina
eran las manchas en la selva.
Tan lúgubres y tan grandes
como el odio que le tienen algunos
hacia lo que les parece irrelevante.

Decían que eran humanos,
pero yo solo vi maquinas.
que acorralaban animales
primero en pequeñas casas,
luego en grandes edificios.

Poco a poco,
todo se homogenizaba
y la selva cada vez más vacía
se llenaba de mascaras,
hechas de recuerdos vagos
de historias lejanas.

Solo queda una incipiente ilusión
sembraba bajo un cesped postizo.
Espero no estar aquí para cuando
el telón caiga.

Y esta luna al igual que lo demás,
desaparecerá entre la chatarra,
de lo que las grandes máquinas
denominan: correo basura.

Alejandría y unas sílabas menos

Llenare mis sueños de caricias,
haré conservas para el invierno,
para que cuando parta,
tus manos me acompañen.

Moldeare mi cuerpo con el tuyo,
para que los versos que escriba
encajen en tus rincones
y te besen de a poquito
y te endulcen sin embriagarte.

Mis pechos seguiran las lineas de tus manos,
y mis labios encajaran en el hueco de tu cuello.
Te arrebatare a mordiscos las palabras
y las embasare al vacío,
para que no pierdan su frescura.

Te quiero en más de mil idiomas,
pero también sin ellos.
Te entregare mis noches
pero mi iré en el día.

Haré parte de ti,
pero seguire siendo mía.
Te amaré,
lo que me queda de vida,
en diferentes niveles,
dentro de diferentes personas.

Podré vivir sin ti,
pero adorare estar contigo.
Así de fácil, así de complejo,
seguire esperando tus palabras.

Espero no hacerlo durante mucho tiempo.

Quiero madurar tu amor, Sin comprometerme.

He vislumbrado tus besos
en los rincones oscuros de mi tristeza.
Durante varias noches
he acuno la esperanza de que no me descubras
pensando en la soledad que me provoca
tu distancia.

Te he hablado en sombras
para demostrarte el peligro que tienen
mis desapariciones.
En varias vidas te he pronunciado las palabras
y al mismo tiempo te las he ocultado
para no perderte.

Temo desconocerte tanto
como para no reconocerte con los ojos vendados.
Pero también me debilita
saber demasiado como para usarlo
en tu contra.

Quiero madurar tu amor,
sin prejucios, sin angustias,
con vacios a medio llenar
pero dispuestos a completarse.

Quiero madurar tu amor,
con ilusiones
que quepan en la realidad
y en tus desvarios.

Todo sin usar el por siempre.

Tinta manchada

De piel caoba,
De ojos tristes.
Se tumba en la arena.

Canta por encima del clamor de la guerra
y compite con las balas
que sacuden su melena.

De piel dorada.
De ojos tristes.
Colabora en un asesinato.

Toma a una madre
y se vuelve complice de un crimen.
El niño yace sobre las aguas.
Su llanto acuna sus noches.

De piel blanca.
De ojos tristes.
Escribe en el borde de un acantilado.

Mutila en la soledad que solo da el silencio
las palabras vanas de su especie,
y siembra sueños entre las hojas,
para que el niño las riegue en las mañanas.

De piel azabache.
De ojos tristes.
Recuerda la sabana.

Siente el calor de las fieras,
la sangre en su espalda,
el orgullo en la mirada
dentro de una plegaria
que hace a los astros.

De piel transparente.
De ojos perdidos.
Distrae la vista.

Son todos en uno,
son ciegos desvalidos,
que entre sonetos claman
por la redención de la mezcla,
la libertad de las fronteras
y por el silencio de los corderos,
que aún se encuentran en las filas
al matadero.

Denuncia al sombrero de copa

Aún aulla el lobo bajo un sol tardío,
Con los ojos vendados finje ser vidente
y entre gritos clama al cielo
un poco de agua
que apague el fuego
y libere su llanto sobre la Tierra.

Un huerfano brilla zapatos
dentro de una selva de asfalto,
y en una isla remota
un político planea un asalto
a un gran banco de peces
que inerentes al sueño
siembran ideas sobre la superficie de las olas.

¡Hay fiesta en el cementerio!
Los vivos trabajan como muertos
y las tumbas se llenan de revoluciones,
¿Que hacer cuando la ilusión termine?

Hay cuervos con corvatín de medio día
y manos sueltas ampolladas,
por una corriente de energía
que les borra su memoria
y los mecaniza.
¡Habrá otra fiesta en el cementerio!

De días grises

Me gusta cuando llueve,
porque me siento como ausente.
Porque
de una u otra manera me vuelvo eterea,
y la sombre de las nubes en el opaco cielo
se adentra en el cuarto.
Y las hojas del libro cobran vida,
el olor a asfalto en polvado me reconforta
y los sueños se vuelven más notorios.
Solo los rayos y el sonido del agua sobre los charcos
me acompañan.
Esperare,
desconectada del mundo,
a que la lluvia cese.
Me gusta cuando llueve,
porque me siento como ausente.

Una de esas escenas

Es ya noviembre y caen palomas muertas sobre los tejados. Mi madre espera en el reborde del balcón a que sus huesos se hielen, como muchas otras veces, el tiempo se ha frenado. Unas cuantas nubes se desgarran y París queda sumido en un amargo silencio. La orquesta toca el fin y una lágrima navega por la acera.

El grito

Caen gotas sobre el tejado. El estridente ruido sofoca mi respiración. Un... Dos... Tres... La cera cae sobre el tejado. La carne empieza amoretarse y pronto no habrán más que huesos. Un... Dos... Tres... Acido cae sobre el tejado. Pronto no serán huesos, ni siquiera alma. Que laconico el fin de la alarmante revolución.