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Mostrando entradas de noviembre, 2012

Delirios a la madrugada

En algunas noches pienso en tus besos, a media luz como el tango, bajando por la callejuela. Más estas durmiendo lejos, acunado por morfeo con la cabeza puesta bajo la mullida almohada con plumas de ganzo que tanto recuerdo. En esos momentos también tiendo a perder la conciencia, embelesada bajo los encantos que has dejado durante el día. Te esperare a la misma hora de siempre, bajo el cipre que tiene la banquita, te digo en medio de uno de los tantos sueños que te contare en la mañana.

Decididamente, te quiero.

Le decian la candileja

Veni te cuento sobre la luz esa de la que te hablaba la otra noche. Esa de la que hablan allá en el pueblo los campesinos. Pues es que la he visto ya en varias ocasiones brincar de árbol en árbol, bien encendida como un fosforo, siguiendo a esos borrachos que bajan por el veredal. A los niños quizque les ilumina el camino, pero a esos borrachos bahh, lo que hace es atontarlos y darles su buen susto.
Pues, te decia que la otra noche vi a un borracho bajando por el veredal, llevaba el poncho al hombro y aún cargaba con una media de ron, yo iba camino al trabajo como es habitual. El tipejo ese iba tambaleandose y cantandole a esas mujeres de las esquinas, cuando de pronto se ilumino la carretera y una bola de fuego empezó a bailar al mismo ritmo del anciano. Pero al llegar al puente giro bruscamente encegueciendo al pobre hombre, y cayó de redondo al río. Suerte que no había llovido esos dias porque sino, tenga hubiera terminao muerto quizás abajo en el palo. Ahora si duermase chino, no …

Que erroneas son las mentes de los hombres

Ellos hablan de la muerte como una salida, y yo los veo y sufro, con el dolor que siente una hija de un militar de palestina cuando ve partir su padre hacia la guerra. Ellos en realidad no son tan viejos, van a mitad de un camino, en donde la familia ya esta hecha y todo el estudio base se ha culminado, más no comprendo como pueden sentarse a beber de la charca. Se oye el rumor entre los abedules de que uno de los viejos saco un balde a mitad de la noche, corrio con el cuesta abajo tanto como pudo, y cuando la respiración empezó a fallarle, se sentó en una gran piedra que se hallaba a mitad del sendero, cuchillo en mano más silencio.

El buhó ululaba a mitad de la cantera, mientras un fetido roedor se acercaba a beber a grandes tragos del pequeño balde púrpura. Una tras otra caían las pesadas gotas dentro del contenedor. Solo una mano dijo y luego perdio el conocimiento. Sí, el viejo llevaba sus ideas acuestas y las culminaba. Siempre a lo lejos, se oía el rumor de una niña que buscab…

Es más que poesía

Amo la forma en que entre abres la boca
y rozas con el filo de tus labios,
los huecos de mi cuello.

Amo cuando deslizas
tu mano por mi espalda,
congelada por el invierno.

Amo la sonata que bailan tus dedos
sobre mi pecho, la cual luego
se extiende por mis muslos
hasta regresar a mi cabeza.

Amo tanto de nuestros encuentros,
que a ti te quiero,
para distinguir las manos
del diestro títiritero
de sus títeres.

Vampiritos en el día

Se acerca, emm bueno..., le digo. Si, bueno... responde. Le pongo mi mano en el cuello y empiezo a besarlo. Mis labios se posan sobre los suyos, luego en su mejilla, en el lobulo de su oreja y ... Finalmente le doy un leve tirón en su cabello, y su cabeza se desliza hacia atrás. Por fin mis labios encuentran su cuello, lo beso con fervor. Abro un poco la boca. Le clavo los dientes y succiono hasta que la vida se va de su rostro, y el delicioso liquido se desliza por la comisura de mis labios.

Si Rapunzel escapara

Ya le ha tomado la mano y ha bebido de su copa.
Ha cargado con los trapos sucios como un buey,
por eso ahora, espera afuera.
Con las flores en su regazo a que ella salga a la ventana.
Con el rostro iluminado por la luna
y el cabello trenzado listo para el rescate.
Pero va secandose al sol de tanto esperar.
Se tuesta en las dunas a la espera,
de que al mundo algo le importe,
y que el final feliz que alguna vez escribieron
se realice.

Cambiamos de estación

Él la cita al banco del parque el Virrey,
allí donde a diario cuentan las hojas que aún
le quedan al árbol.

Ella llega con su vestido palo de rosa,
y sus perlas grises,
flotando entre el viento.

Él le toma su mano,
y le deposita un recorte de papel
en su pálida palma.

Ella lo mira,
aún atonita,
aún inmóvil.

Él se para,
guarda sus manos en los bolsillos,
y camina hacia el árbol,
con la cabeza en alto,
y una sonrisa en aumento.

Ella guarda el retazo en un bolsillito,
silencia a su corazón alborotado
para que las palomas no huyan
y desde una esquina le grita
que volverá mañana.

Parece que la primavera se ha adelantado,
de nuevo.

Es luminoso, pero siniestro

Resuena cual tempestad,
el eco amorfo de tu ser
circulando por mi cuerpo.
El rimbombante apogeo,
rizos de oro cual campanadas
de iglesia en domingo,
se estrellan contra los labios
conforme la lluvia aumenta.
Pronto saldrá el arco iris.
Despojandonos de la adrenalina
de correr desnudos bajo la lluvia.

Sucesos inesperados

Le diré Peter, porque me recuerda un montón al chico de traje verde, con pluma roja en su sombrero a juego con el resto de la vestimenta, que volaba hasta cierto país de nunca jamás. Aunque normalmente suela llamarlo con otro nombre, hoy se me hace que no es el mismo que conocí aquel día lluvioso de octubre.

Este de los ojos miel y barba incipiente, esta a unos centímetros de mi rostro, como en aquel café de mediados de septiembre. Sentí vértigo, y luego miedo, de ese que es predecedido por la falta de oxigenación en el cerebro, para finalizar en un terror, tan álgido, tan crudo y frágil que hacía tambalear mi corazón.

Con total delicadeza Peter estiró una de sus manos y tomo la mía. Con la que aún le quedaba libre envolvió mi mejilla. El silencio se ocupo con roces. Más ojalá pudiera leerme la mente, así en la mañana no se lastimaría.

Mañana lloverá, pero aún, es hoy

―Sentate aquí y contame que ha pasado.
―Que decís, acabas de llegar. Estoy perfectamente.
―No, vos querés un beso, más no mío.
―Así suena muy feo. No lo digas.
―El lodo seguirá siendo lodo así venga mezclado con harina, y decorado
como torta.
―Me recordás a algo que escribi. Hace mucho, tanto que ni recuerdo.
―Vos tenes razón. Pero de ilusiones es que vivo.
―¿Sabes en que se parecen un cuervo y una mesa? mejor no averiguarlo.

Conversando con un irlandes [3]

―Volveme a contar lo que decía Carlos una vez más.
―Bueno, bueno. Te lo volveré a leer. Él decía:

"Dulce y ácida como la fresa, Ruda y tierna como una rosa, Agresiva y encantadora como solo tú sabes serlo. Sin mencionar tu impecable rostro y tu curvilíneo cuerpo. O estoy loco o enamorado, Porque para yo llegar a esto ni inspirado lo alcanzo. Qué más da si no lees esto Dejaré que el propio viento te lleve mi recado."
― ¿Vos porque no me escribís esas cosas? ―Porque vos sos un escrito.

Conversando con un irlandes.

Amar dudando que se ame, que raro amor será ese, me digo y luego me interrumpo con la afirmación: ¡qué común que es!. Vos dirás que estoy loca, o que soy una dramática, pero no. Escúchalos profesarse en el parque esas historias entre cortadas por los besos y las caricias, míralos bien porque en el medio, en el medio va la razón intentando descolocar los sentimientos. ¿Que si me ha pasado? pués soy humana a quién no.

¿y vos... que?

Escribo después de mil noches en vela,
de picnics en el parque
y de besos escondidos.
Escribo para vos
aunque no lo sepas.

Tu voz esta tan fresca en mi mente,
que podría rozarla con el filo de una idea.
Tengo vivo el recuerdo
de nuestra noche bajo la luna,
de aquella lluvia de meteoritos
en que volaste hasta la terraza de mi casa
en secreto.

Vos que siempre me deseas suerte
sabiendo que la tengo toda
porque poseo tu pata de conejo.
Desconociendo además
que guardo las rosas secas,
de aquel san Valentín tan raro que vivimos.

Más nos hemos vuelto a encontrar.
Conectados bajo los hilos invisibles de la vida,
siempre en conversaciones improvistas.
Otro café, otro romance que nos ocultamos.
Otro beso que nos damos.
Salí a la puerta de tu casa,
allí te entregare los poemas que olvidaste.

Quizás luego salga huyendo al parque,
ese de las ancianas de antiparras
y de ovillos de lana,
a contar renacuajos en la charca.
Pero y vos... ¿que pensás hacer después de que te lea esto?