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Mostrando entradas de mayo, 2015

Es cierto, te quiero.

Es tarde y parece que la luna se ha sentado en la ventana a observar como caen castañuelas de mi cabello, al igual que él parpadea con sus nubes mientras siembro uno a uno mis besos en su cuello.

Recuérdame, amigo mío

Recuérdame como el silencio Que acallo tus noches Un verano de hace mucho
Como una paloma Que tatuó su nombre En el recodo de tus labios
Al igual que una página en blanco Que te dejo un par de letras entre tus libros, Un cumulo de nostalgia en el pecho Y un diccionario lleno de singularidades
Escondidas en tu cuarto.

¿Cómo podemos descifrar el universo?

Es sencillo pasar horas escuchando el ruido, escuchando nuestras propias voces y lamentándonos o alabándonos por nuestros logros y fracasos pero ¿Cuán fácil es recurrir al silencio? Cuantas horas al día escuchamos aparatos eléctricos que parecen tener las mismas voces, los mismos contenidos y concluir con las mismas oraciones. ¿A dónde vamos? Me pregunto.
Cada vez que tomas el autobús, el tren o quizás cada vez que te subes a tu bicicleta llevas en mente un destino, un lugar al que debes llegar a un tiempo y hora indicados y si tomas la calle o ruta equivocada pasas las peores dos, cuatro u ocho horas de tu vida buscando la forma de regresar, de reparar los daños pero ¿Alguna vez lo has disfrutado?
Tengo veinte años y unos cuantos meses que pasan volando y traen consigo un año más, y después de horas y horas atravesando ciudades, barrios y pueblos aún no logro descifrar algunas cuantas cosas sobre lo que me rodea. El sonido del viento parece decir cosas que suelo olvidar, el confort…