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Desde un pequeño tejado

Nadie parecía verlo y yo solo podía preguntarme ¿Qué hace allí? ¿Tendrá alas? fue entonces cuando saco el martillo repitió el rítmico golpeteo.

El hombre en el techo lucía tan gris como el cielo y parecía flotar sobre las gruesas tejas de Zinc que aún que daban allí. Usaba una gorra para protegerse de un sol invisible pero intermitente, como la llama de una vela de cara al viento. Su espalda se curvaba como el ala de un ave que se mecía en el horizonte.

Fui corriendo a la tienda ¿Unos pequeños tornillos le harían bajar?

El tendero demoró mucho pero no hizo ninguna pregunta, no conocía el final exacto de aquel pedido común. De regreso a la plaza, mire hacia lo alto en su búsqueda. Ya no estaba. Busqué en los techos cercanos, pero nada. Se había ido. El hombre ave había perdido su martillo en la huida.

Comentarios

  1. Qué relato intrigante! Me encanta el misterio y la forma en que has encarado este tema. Es mi noche de suerte!
    Abrazos desde la lejanía.

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  2. Encantador. Inquietante pero posible, por qué no?...

    Sugerencia. El mundo está lleno de seres diferentes de una realidad-otra, solo visibles a ciertas personas especiales... (me apasiona lo fantástico)

    Abrazodeverdad.

    ResponderEliminar

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