Aguardaste, con la esperanza despierta, y la mirada angustiada. Añoraste con el corazón en aumento, con el sabor del néctar en los labios y un tanto de rencor en el fondo del alma. Soñaste con despertar un día y devolver el calor al salón de baile, a las paredes donde dibujamos sueños y trazamos millones de ilusiones. Sonreiste, ese día al verme correr por el pasillo del aeropuerto hacia tus brazos, al sentir mi calor cerca de ti, otra vez, como no sucedia hace ya varios meses. Reiste, al recorrer las calles viejas de la avenida como llegamos a hacerlo algunas veces, al gritar por el mundo y hablar del tiempo. Entristeciste, el día que marco nuestra ausencia, una despedida mutua, temporal, como la anterior, pero un tanto más larga, y dolorosa. Me besaste, como no lo hacias hace mucho y huiste para que no te viera llorar, eras demasiado fuerte como para hacerlo ante mi. De nuevo, te encuentra junto a los cerezos, con la esperanza despierta, la mirada angustiada, el reloj tajante, y el p...
Tras el alféizar de la luna radiante....